Economía de Guayaquil en época de la Independencia por Guillermo Arosemena Arosemena

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AEl 26 de Mayo de 1821, el periódico El Patriota de Guayaquil al publicar la Memoria sobre el comercio y agricultura de la provincia, comentó: “Si tres siglos de ignorancia, monopolios, trabas y prohibiciones, no hubiera atado nuestras manos, nuestra opulencia habría llegado al más alto grado, y esta provincia, señora del Pacífico, no tendría un palmo de tierra sin un habitante, ni un vecino sin finca y caudales”. Esta frase encierra la filosofía de vida de los guayaquileños que quieren superarse: aspiraciones materiales logradas con esfuerzo propio, y libertad para pertenecer a una sociedad de propietarios Lo expresado en El Patriota de Guayaquil coincide con el pensamiento de Rocafuerte:

Sus verdaderas minas están en el cultivo de la tierra y el fomento del comercio; pero como éste no prospera sino a la sombra de la libertad política, ninguna parte del globo reclama más imperiosamente que la nuestra, la imitación del espíritu libre de los Estados Unidos. El espíritu mercantil es enemigo de privilegios, de monopolios de compañías reales y de realismo. El comercio es inseparable de la libertad y de la riqueza nacional; solo puede existir bajo los auspicios de los gobiernos liberales.

Francisco Roca, uno de nuestros próceres había adquirido la imprenta para hacer el periódico. Él era uno de los empresarios más ricos de Guayaquil. Otros próceres también fueron empresarios. Ellos sabían que la Independencia era indispensable para el crecimiento económico de Guayaquil y resto de la Audiencia de Quito.

Las amenazas del pésimo clima, asaltos de piratas y frecuentes incendios, no les impidieron salir adelante. Esta visión sigue siendo válida. El deseo de superación hizo que personas de limitados recursos triunfaran en la vida. Guayaquil es la ciudad que ha dado el mayor número de emprendedores de gran éxito, que otras del país. La mayoría de quienes hicieron fortuna fueron personas de escasos recursos económicos. Las ciudades andinas por haber estado por siglos aisladas del mundo exterior, no han tenido los mismos logros. Ellas no han generado suficientes emprendedores.

No fue fácil hacer realidad los sueños de los guayaquileños. Ciertos axiomas económicos han estado ausentes. No puede haber prosperidad sin población, el recurso humano es indispensable para crear riqueza. El mercado nace con el consumidor, el cual demanda bienes y servicios. Para existir demanda debe haber capacidad de consumo y ésta se origina con población creciente. Se trata de un círculo virtuoso: a mayor población y educación mayor posibilidad de empleo; a mayor número de trabajadores, mayor remuneración; a mayores ingresos, mayor capacidad de consumo. Con más demanda hay más producción. En Guayaquil no podía haber ese círculo virtuoso por no ser puerto poblado. A nuestro puerto le tomó más de 60 años desde su fundación, en tener 1000 habitantes, aproximadamente 150 años en llegar a 5000 habitantes y durante la mayoría de las décadas del siglo XVIII, su población fue la octava parte de los habitantes de Quito. Es decir que hasta fines del siglo XVIII, al estar casi desierta Guayaquil y el resto de las ciudades de la costa, su producción y consumo no eran significantes. El 80% de lo que exportaba la Audiencia de Quito se producía en la sierra. Históricamente la costa había sido poco poblada, las grandes ciudades se encontraban en Los Andes, donde se desarrolló el imperio incaico, donde los españoles decidieron crear las capitales y centros económicos.

Las grandes fortunas y actividades empresariales no estaban en la costa, se encontraban en la sierra. En Guayaquil la producción agrícola era muy limitada, se exportaba muy poco cacao silvestre, algo de madera y pieles. Los valores eran insignificantes. No había suficiente actividad para acumular capital y el que existía peligraba por los ataques piratas con sus demandas de que si no les daban una recompensa, entrarían a la ciudad a destruirla. En Quito y otras poblaciones de la sierra, ocurría todo lo contrario, primero por la minería, posteriormente debido a los obrajes y la explotación de quina, ellas gozaron de prosperidad. Pero ciertos eventos europeos sucedidos a fines del siglo XVIII cambiarían el curso de la historia del desarrollo económico y poder político ecuatoriano durante el siglo XIX y parte del XX.

A mediados del siglo XVIII tuvo lugar en Inglaterra lo que se conoce como Revolución Industrial que marcó un hito en la historia de la humanidad. Durante siglos, los ingleses habían sido productores y exportadores de lana. Un grupo de empresarios comenzaron a desarrollar y escribir lo que posteriormente serían teorías económicas en las que daban sus puntos de vista respecto a lo que los gobiernos deben hacer para mejorar el nivel de vida del pueblo. Fue a través de esos escritos que nació la ciencia de la economía como se conoce actualmente. Ellos sostuvieron que a Inglaterra no le convenía seguir exportando materia prima, sino producto terminado. Consecuentemente la lana tenía que convertirse en tejidos. Lo que se necesitaba era cómo transformar la lana en producto terminado, usando maquinaria sofisticada. Ingleses visionarios e innovadores inventaron las primeras máquinas a vapor, comenzando por la actividad textil. Las nuevas telas eran de calidad muy superior a las que se hacían en tejedoras y demás máquinas manuales de la industria textil de la Audiencia de Quito. En poco tiempo los textiles ingleses invadieron el mundo, incluyendo la América Española. Paralelamente, como consecuencia de la Guerra de la Sucesión, la Corona de Francia pasó a gobernar España; con el control del reino los Borbón introdujeron numerosas reformas, incluyendo la apertura de la América Española hasta entonces cerrada a todos los países europeos. Durante siglos, solamente los comerciantes de Cádiz y Sevilla habían estado autorizados a hacer negocios con esas colonias.

Lo que sucedía en Europa no debió ser desconocido para los propietarios de los obrajes de la Audiencia de Quito, más de uno residían en Madrid. Ellos que tenían maquinaria de la Edad Media, no se interesaron en modernizarla y cuando los tejidos europeos llegaron, los productos serranos no pudieron competir en calidad ni precio. En pocos años se perdieron los mercados colombiano, peruano, boliviano y finalmente el propio de la Audiencia de Quito. Las pequeñas fábricas artesanales quebraron y despidieron a la clase obrera. En el Austro la situación se agravó porque además de la quiebra obrajera dejaron de exportar la quina por la desaparición de los bosques. En uno de sus escritos Eugenio Espejo criticó duramente la destrucción del bosque de quina.

Con la caída de los ingresos provenientes de diferentes impuestos relacionados con las actividades productivas, la Corona Española se preocupó y envió en 1790 a Juan Antonio Monroy y Velarde, Visitador, para que informara al Rey sobre lo que sucedía en Quito. En su extenso reporte se resume lo que vio:“…esta capital que habiendo sido una de las ciudades más ricas y opulentas de  América por sus fábricas y manufacturas, se ve hoy llena de ruinas […] dando un […] testimonio de su pasada opulencia y actual miseria. Esta es la perspectiva oficial que ofrece Quito”. Al quedarse sin trabajo, los obreros masivamente bajaron a Guayaquil para buscar empleo y lo consiguieron. Los guayaquileños estaban felices de conocer que con suficiente mano de obra, harían realidad sus sueños de desarrollar la agricultura. Por primera vez sería posible sembrar para satisfacer las necesidades internas y exportar importantes cantidades. La tragedia de la sierra fue bendición para la costa. En la gran migración a Guayaquil no sólo llegaron los obreros a buscar trabajo y mejor futuro. También personas que habían tenido dinero, pero lo habían perdido. Una de ellas fue la madre de mi tatarabuelo Ildefonso Coronel Méndez. Ella enviudó en el peor momento y llegó a nuestra ciudad en los primeros años del siglo XIX con sus numerosos hijos. En cuatro décadas mi tatarabuelo se convirtió en uno de los cuatro empresarios más prósperos del puerto. Guayaquil siempre fue generosa con la gente trabajadora, es la ciudad ecuatoriana donde se han formado el mayor número de emprendedores. Ninguna otra ha sido testigo de miles de sueños hechos realidad, personas sin mayores recursos convirtiéndose en empresarios y profesionales de éxito económico y social. Se podría escribir un libro sobre cómo personas que nacieron en la ciudad, llegaron de otras provincias o del exterior, crearon empresas prósperas. La semana pasada conversaba con un peruano que dejó su país en 1972 cuando un militar socialista destruyó la economía peruana, obligando a numerosos profesionales a buscar futuro en otro país. En menos de medio siglo es dueño de una empresa de servicios con oficinas en Quito y Cuenca. Sus tres hijos trabajan con él. Me comentó que era muy grato con Guayaquil, había encontrado solidaridad, apertura y amistad.   

Con suficiente mano de obra se sembró el cacao en diferentes lugares de la costa, además de otros productos agrícolas. Para 1820, Guayaquil se había convertido en el principal motor económico del país. El periódico El Patriota de Guayaquil, el primero de nuestra ciudad, dedicaba una sección para informar sobre las naves nacionales y extranjeras que llegaban y zarpaban. Por ejemplo, en la edición del 24 de diciembre de 1822 se anunciaba la llegada de la goleta Joven Caledonia capitaneada por Diego Jamieson procedente del Callao, trayendo como carga: cristalería, cubiertos, jabón, betún, barriles y otros. En Guayaquil se habían creado nuevas fortunas y existía el capital para invertir. El citado periódico también se usó para publicar los decretos de la Junta de Gobierno, presidida por Olmedo como el del 18 de Mayo de 1822 en que habiéndose liberado numerosas poblaciones de la Sierra, quedó abierto el comercio con todos los pueblos del interior y se abolió el derecho doble impuesto sobre los mencionados pueblos cuando estaban bajo el control de los españoles. En el Patriota de Guayaquil también se lee la vocación guayaquileña por el comercio internacional. En la edición del 25 de Mayo de 1822, el lector se informa de que la Junta de Gobierno decidió disminuir los aranceles, para fomentar la agricultura.

Por ser Guayaquil puerto, desde fines del siglo XVIII estuvo expuesto al pensamiento de otros países. Los ingleses y estadounidense habían introducido las obras de los grandes economistas y pensadores políticos. Desde antes de la Independencia, Guayaquil contaba con empresarios de diferentes nacionalidades, generalmente capitanes de navíos extranjeros quienes después de haber conocido la ciudad, optaron por fijar residencia. Para 1823, la empresa inglesa Gibbs & Crawley Co. tenía oficinas en Guayaquil. Fue la primera multinacional en la historia de Ecuador, operaba en Perú, Bolivia y Chile. Esta empresa además cumplía funciones bancarias. Entre sus deudores se encontraban algunos próceres. En el primer censo de comerciantes aparecen apellidos estadounidenses y europeos. A pesar de estar informados de los extraordinarios adelantos, en algunas decisiones y actuaciones los patriotas guayaquileños continuaban pensando como españoles y al Independizarse cometieron el error de adoptar las mismas leyes españolas, las más atrasadas de Europa y mantener el mismo sistema tributario que penalizaba a la producción. José Villamil, nacido en Luisiana y conocedor de la modernización que tenía lugar es Estados Unidos, no estuvo de acuerdo con que la nueva Provincia de Guayaquil mantuviera las mismas leyes españolas. Fue duro crítico del código de comercio elaborado para la Provincia de Guayaquil. En una carta al editor de El Patriota del 1 de Diciembre de 1821, donde se había publicado el citado código en la última edición, escribió sobre la importancia de esta ley que según él, de ella dependía en gran parte la prosperidad y el futuro de la provincia de Guayaquil. En la extensa comunicación hace referencia a que todos conocían que antes de la Independencia las instituciones comerciales “…sujetaban a la Provincia al monopolio más insultante: el derecho de abastecer sus mercados, y exportar sus producciones eran reservado a los monopolistas de Cádiz; la provincia no podía prosperar. Después de nuestra transformación el público debía esperar que conociendo la enfermedad se aplicaría la cura; yo confieso que como uno de los tantos lo esperaba; yo creía ver al momento formarse instituciones liberales que tendiesen directamente al fomento de la provincia; pero, (siento decirlo), he visto que el monopolio dura en gran parte, veo que los efectos son los mismos, y que el pueblo en general no ha recibido alivio alguno de las instituciones establecidas”. Villamil continuó manifestando que en el citado código no se habían considerado los intereses del pueblo “…los privilegios que dicho reglamento concede al comercio son gravosos al resto de la población. Intentaré probarlo. Es principio muy conocido que la riqueza de los pueblos consiste en satisfacer sus necesidades con el menor valor posible y vender sus producciones por el mayor valor posible. El reglamento de comercio se opone a que jamás lo consiga” (negrillas son del autor del ensayo). Villamil se refiere a trabas que “…dicho reglamento presentan al comercio extranjero lo alejarán para siempre de nuestro mercado, y sujeta la provincia a un cortísimo número de compradores y vendedores, que sin pensarlo, es lo mismo que sujetarla al monopolio antiguo, jamás podrás prosperar”.

La frase en negrillas encierra varios axiomas económicos: hay que producir para satisfacer necesidades del consumidor, se debe ser eficiente en la producción para poder competir y es necesario producir bienes de alto valor agregado para acumular riqueza colectiva. Villamil conocía que estos principios habían sido los cimientos de la prosperidad anteriormente en Holanda e Inglaterra y en aquellos momentos, en Estados Unidos. Villamil termina su larga exposición mencionando que él es beneficiario del reglamento y que hablando varios idiomas se encuentra en posición ventajosa respecto de los demás, pero considera que es injusto para toda la clase de comerciantes: ” …deseo el bien de la provincia, sí prefiero el interés público al mío propio…” Propone eliminar aquellos artículos que atentan con la competencia y libre comercio, sólo así los precios podrán disminuir y el pueblo prosperar.

Seguramente Villamil protestaba por lo ocurrido a John Worthy, comerciante inglés a quien José Joaquín de Olmedo y Francisco Roca obligaron a bajar toda la carga de la nave para aforarla, a pesar de que apenas una parte de ella se quedaría en Guayaquil. Worthy amenazó con pedir ayuda a la marina naval inglesa. Afortunadamente Olmedo usando diplomacia logró convencer a Roca de que no era correcto que Worthy pagara aranceles sobre una mercadería que se vendería en otros países.  Francisco Roca era uno de los comerciantes más grandes y ricos de Guayaquil y debió ser parte interesada en presionar para no tener competencia. En la redacción del Reglamento Provisorio que debería considerarse la primera constitución ecuatoriana, seguramente Villamil y otros extranjeros recomendaron a Olmedo incluir la cláusula estableciendo claramente que el comercio sería libre por mar y tierra con todos los pueblos que no se opusieran a la forma libre del gobierno guayaquileño. En ninguna parte de este Reglamento se menciona al Rey de España, a diferencia del Acta del 10 de Agosto en que tres ocasiones se lo menciona. La primera: ”Prestará juramento solemne de obediencia y  fidelidad al Rey”. La segunda: “Sostendrá la pureza de la Religión, los derechos del Rey…” Y la tercera: “Al efecto y siendo absolutamente necesario una fuerza militar competente para mantener el Reino” ¿Se puede llamar al Acta del 10 de Agosto la primer constitución ecuatoriana?

Para 1820, los guayaquileños habían logrado construir su propia flota naviera para disminuir la dependencia de las flota de los poderosos comerciantes limeños y también depender menos de sus capitales. Durante siglos ellos pagaron por el cacao precios inferiores al del mercado y obligaron a comprarles mercadería a precios excesivamente elevados. Al referirse a este tema, El Patriota de Guayaquil comentó el 26 de Mayo de 1821: “Ya el comercio de Lima compuesto de los agentes de Cádiz, no arbitrará cambiar nuestros preciosos frutos con manufacturas de otras naciones sobrecargadas de los provechos de cada una de las manos por donde habían pasado, y de tantos y tan exorbitantes derechos de los puntos en que tocaban”

Así mismo habían diversificados los mercados de exportación. Durante siglos, lo poco que se había exportado se enviaba a Lima, Acapulco y a Panamá. Con la Independencia el cacao y otros productos, se duplicó el número de mercados donde se vendieron los productos guayaquileños. Como la Revolución Industrial también llegó a la industria del chocolate, por primera las máquinas fabricaban barras y bombones rellenos con vistosas presentaciones e higiénicamente envasados. Con la invención de la prensa y pulverizadora nació el chocolate en polvo que mezclado con leche se convirtió en bebida, preferiblemente para el desayuno. El nacimiento del marketing y marcas impulsaron la demanda del cacao en grano al establecerse fábricas de chocolate en Inglaterra, Holanda, Francia y otras naciones europeas, además de Estados Unidos. Anteriormente España y México habían sido los grandes consumidores del cacao guayaquileño.

Hay abrumadoras evidencias que confirman que sin Guayaquil difícilmente su hubiera logrado la Independencia de Ecuador. Existe abundante información sobre los enormes egresos de dinero que para ese fin hicieron los guayaquileños como se demostrará más adelante. Para 1820 Guayaquil se había convertido en el centro económico de lo que dos años después sería Ecuador, mientras la crisis económica de la Sierra iniciada décadas atrás se profundizaba. La transferencia del poder político y económico, de Quito a Guayaquil, fue decisiva en la liberación de Guayaquil y todo el territorio nacional. Sin el 9 de Octubre la Audiencia de Quito no hubiese desaparecido. Lo admite Jerónimo Valdés y Sierra, Subjefe del Estado Mayor del Real Ejército en Perú, quien en su informa solicitado por las autoridades españolas, para reportar sobre los sucesos del 9 de Octubre: “Sin la insurrección de Guayaquil no se habría perdido el Reino de Quito”.

La financiación guayaquileña se logró por contribuciones de personas adineradas y  recaudaciones aduaneras. Los guayaquileños financiaron la construcción de naves para traer los ejércitos de Bolívar, alimentación y uniformes de los mismos, así como del ejército de guayaquileños; adquisición de armamento y medicina; Bolívar compró naves estadounidenses con cargo a fondos guayaquileños, etc. Para poder dimensionar el monto de los gastos que se mencionarán a continuación, se pondrá como referencia 700,000 pesos, total de las exportaciones de Ecuador en 1821.

El 14 de Abril de 1821 Olmedo le indica a Bolívar “Desde hoy empiezan a salir de este puerto los buques que deben trasportar las tropas de las costas del Chocó. El convoy se compone de una fragata, dos bergantines y dos goletas, con el repuesto de víveres suficientes para 1500 hombres… ya hemos recurrido a dos empréstitos forzosos de 80000 pesos, de los cuales la expedición del Chocó, que no baja de 40000 de gasto, ha consumido el último resto”. 

En el mismo año, el estanco de sal que había sido suprimido en Guayaquil, Bolívar lo volvió a implementar al entregar su explotación a un grupo de particulares que le ofrecieron pagar 51,000 pesos por año, durante cuatro años. El 50% de estos ingresos fueron usados por Bolívar para cubrir sus gastos militares. Es decir más de 100,000 pesos se invirtieron en la liberación del resto de la Audiencia de Quito y Perú. Sólo en el empréstito forzoso y en los ingresos del remate de las minas de sal, el valor recaudado fue 180,000 pesos equivalentes a 26% de las exportaciones. Si se toma como referente las exportaciones actuales de Ecuador, el valor presente de parte de los pagos de los guayaquileños durante 1821 superaría 3,000 millones de dólares. Hago esta comparación para darle perspectiva a los valores mencionados. Pero los 180,000 pesos no fueron todos los egresos. En un solo mes, hubo adicionalmente los siguientes egresos en efectivo, bienes y especies. En carta de Olmedo a Sucre el 9 de Julio de 1821: “Por comisaría deben pagarse los gastos de espías y los extraordinarios con orden de usted”. En carta del 12: “Desde antes de ayer salió el oficial Pellicer con dos mil pesos para Babahoyo y con encargo de recibir otros dos mil de aquel Ayuntamiento”. En la de 16: “Van los 20000 cartuchos de operación y los 10000 de instrucción, y demás municiones que usted pide”. En la del 18: “El oficial ayudante del amigo Morales que sale dentro de horas, llevará mil pesos y la quina. Repito que el botiquín que existe en Samborondón fue provisto bastantemente y es preciso que se pidan los artículos que no tengan y sean precisos”. Olmedo a San Martin el 14 de Julio de 1821: “El teniente Bell… tiene ya a bordo de la Golondrina las 400 tablas y los cien remos que nos pidió V.E. últimamente.”

Durante el mes de Agosto, en cartas de Olmedo a Sucre, la12: “Con esta marea van 44 mulas que mandamos traer de Balao; de Yaguachi sé que fueron 14. Hemos comprado la bayeta para fresadas, irán con algún dinero”. La del 15: “El hospital se embarcó anoche para el Morro”. La del 16 del Ayuntamiento de Guayaquil a Sucre: “…  es indispensable que se abra un empréstito extraordinario de cincuenta mil pesos que deben estar colectados dentro de cinco días”

Cabe anotar que la financiación de las luchas de la Independencia de Ecuador continuó durante el resto de los meses de 1821 y de los primeros meses de 1822 hasta la Batalla de Pichincha. El Patriota de Guayaquil muestra un cuadro de las recaudaciones de Guayaquil. De un total de 556,183 pesos, 173,271 aparecen como Gastos de Guerra por la División Colombiana. El escritor Mariano Fasio Fernández confirma que Guayaquil contribuyó con 939,109 pesos en la traída de los ejércitos de Bolívar desde Colombia y Panamá. El propio Bolívar en carta a Santander se quejaba de que los quiteños no aportaban dinero para sus campañas: ”En Quito no se paga a nadie porque no hay que pagar…” El dinero era proporcionado por los guayaquileños para los pagos en Quito.

Los dineros de Guayaquil también fueron usados por Bolívar para la liberación de Perú, como se evidencia en carta de 17 de Marzo de 1824 que se refiera a la compra de la fragata Kingston al estadounidense Ricardo Alsoppor 25.000 pesos. En la citada carta se explica las condiciones del negocio: “Por cuenta de este pago deben abonarse al señor Alsop en derechos de exportación e importación de esa aduana de Guayaquil 8.000 pesos. Así S.E, previene a US que se admita al señor Alsop o a quien él tenga a bien, la introducción de mercadería hasta cubrir con los derechos la mencionada cantidad de 8.000 pesos que le han ofrecido como dinero al contado”. En el mismo año, J. Gabriel Pérez, secretario del Libertador ordenó al Intendente de Guayaquil cruzar una deuda del estadounidense Tomas Foley que tenía con la Aduana, por 11,687 pesos “  se le admitan por cuenta del haber nacional que la República adeuda a este individuo como inspector que fue de nuestros hospitales con el carácter de Coronel, y por cuenta de los sueldos que se le adeudan del tiempo que sirvió…”

Desde la llegada a Guayaquil del General José Mires, representante de Bolívar, en Febrero de 1821, y hasta fines de la Gran Colombia, la economía de nuestra ciudad estuvo expuesta a serios remezones. Uno de ellos fue la polémica sobre el futuro del puerto que ocasionó la renuncia de Olmedo y su viaje a Lima. Si bien el Colegio Electoral terminó aprobando la anexión a Colombia, gran parte de los guayaquileños no estuvieron conformes y a través de la década se dieron manifestaciones de separación de la Gran Colombia. Desde 1826, nuestra ciudad vivió prácticamente un estado de sitio; venezolanos, colombianos y peruanos querían ejercer poder en la ciudad, por su ubicación privilegiada y por ser emporio económico, donde estaban las rentas producidas en la Aduana. La inestabilidad política frenó las actividades comerciales. El permanente estado de sitio fue rechazado por los guayaquileños quienes buscaron la manera de salirse de la Gran Colombia. En carta del 22 de Junio de 1827, Flores le comenta a La Mar que el Coronel Antonio Elizalde invitó al pueblo a tener una nueva forma de Gobierno y el Coronel Juan Francisco ElizaIde trató de convencer en Cuenca al Primer Comandante Bustamante para que Quito y Cuenca se pronunciasen con Guayaquil a favor de formar un Estado independiente. Por la actitud rebelde de los guayaquileños, Bolívar ordenó a Flores tomarse Guayaquil.   

Se suponía que la creación de la Gran Colombia sería un paso adelante: terminar con un sistema político-económico oprobioso como había sido el español y encaminar a los países miembros, por la ruta de la prosperidad. Lamentablemente fue total fracaso cuyo costo para Guayaquil fue excesivamente elevado, al Bolívar haber usado a nuestra ciudad como fuente inagotable de recursos económicos. Guayaquil tuvo dificultad en exportar ciertos productos por aumento de aranceles o prohibición con el objeto de preferir a Venezuela o Colombia. En lo positivo, la firma del Tratado de Comercio y Navegación con Inglaterra, el primero de otros que se firmarían con numerosos países, permitió tener relaciones comerciales con la principal potencia mundial del siglo XIX.

A pesar de las condiciones hostiles para las actividades productivas, el comercio logró crecer, se crearon nuevas empresas y gradualmente aumentó la producción y exportación de cacao. Las dos décadas siguientes fueron de construcción de infraestructura física, marco jurídico e instituciones empresariales para facilitar las actividades mercantiles. Entre 1821 y 1850 se organizaron los tribunales y juzgados de comercio, se establecieron la Bolsa de Comercio, una de las primeras en América del Sur; la Sociedad de Agricultores, primera asociación gremial de Ecuador y un taller mecánico para reparar maquinara. Guayaquil comenzaba a beneficiarse de la Revolución Industrial y empresarios de la ciudad habían adquirido desmotadoras de algodón, entre otros inventos ingleses. Se construyó el edificio de la Aduana con locales comerciales. El ingreso de naves a vapor, de la Pacific Steam Navigation Company, cambió la modalidad de la logística del comercio exterior. Anteriormente, las que entraban a Guayaquil no tenían itinerario de llegada, dificultando la exportación de los productos guayaquileños. Los exportadores no sabían cuándo deberían tener la carga lista para embarcar ni los importadores, la fecha en que llegaban los pedidos. La naviera inglesa comenzó a operar con itinerarios. La actividad mercantil se limitaba a pocas calles, pero en ellas había gran actividad. En la planta baja del Cabildo  funcionaban locales comerciales y entre quienes tenían negocios, estaban las hermanas Garaycoa y Pareja. Desde siempre la mujer guayaquileña fue emprendedora. La madre de Rocafuerte fue gran empresaria, propietaria de la hacienda Papayal, una de las más grandes de la costa, tuvo una empresa naviera, entre otros negocios. Ayer como hoy existía el comerciante informal. A ellos se les conocía como cajoneros, por vender desde un cajón. Este servía como mostrador y bodega de la mercadería. En más de una ocasión, el Cabildo trató de reubicarlos. Entre esos pequeños comerciantes, años después salieron importantes empresarios. En la actividad de entretenimiento, se estableció un teatro y se constituyó el Club Guayas. Como el mundo empresarial no era sofisticado y prevalecía la informalidad entre países, los cónsules extranjeros eran prestigiosos empresarios. Uno de ellos, Horacio Cox, cónsul de Inglaterra, trató de fundar un Banco en 1841. Los capitanes de naves extranjeras recibían el encargo de los propietarios de la mercadería a bordo, de venderla en cada puerto que anclaban. La dinámica empresarial no pasó desapercibida por los visitantes. Numerosos viajeros extranjeros que pasaron por Guayaquil y escribieron libros de sus viajes, se expresaron de la ciudad como próspera, pujante, con comercio extenso y creciente.

Lamentablemente no todo fue favorable para la economía. La epidemia de la fiebre amarilla paralizó el comercio durante números meses, las exportaciones cayeron dramáticamente y los recurrentes problemas políticos durante el período en estudio, afectaron seriamente las actividades productivas. Esta situación de inestabilidad política ha sido constante desde el inicio de la república hasta la actualidad.

Actualmente la economía de Guayaquil es compleja, diversificada y especializada, muy diferente a la del período de la independencia. Lo único en común es el espíritu emprendedor que sigue permitiendo que comerciantes pequeños se conviertan en grandes empresarios.per nisi. Aenean vulputate eleifend tellus. Aenean leo ligula, porttitor eu, consequat vitae, eleifend ac, enim. Aliquam lorem ante, dapibus in, viverra quis, feugiat a, tellus.

Further Reading
Extracts from a journal written on the coasts of Chili, Peru, and Mexico in the years 1820, 1821, 1822

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